Contribuyentes catalanes

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Ojo Contribuyentes catalanes, los inspectores tendremos que regularizar y sancionar a cualquier ciudadano que no ingrese sus tributos en la AEAT

Nos gusta presumir de que la Asociación de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE) no solo es una asociación que aglutina a unos 1.200 inspectores de Hacienda de los aproximadamente 1.500 actualmente en activo, sino que, además, es la única que representa a los funcionarios pertenecientes al Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado.

No es que tengamos la exclusividad en su representación, cualquier grupo de inspectores podría crear su propia asociación en cualquier momento, lo que ocurre es que desde su existencia, allá por 1991, todas sus juntas de gobierno han sabido valorar este inestimable activo y han guardado siempre la distancia necesaria respecto de la política, los programas de partido y de las ideologías y sus distintas formas de entender la Hacienda pública. Esto es un éxito de todos los asociados.

La consecuencia de esta peculiar característica de IHE es que cualquier comunicado o manifestación, como el que hicimos público la semana pasada en apoyo de nuestros compañeros destinados en Cataluña, vienen precedidos de un vivo debate en el seno de una junta de gobierno formada por personas con ideas, matices y prioridades muy distintas.

Pero hay al menos una cosa que tenemos todos en común: creemos en el respeto a la ley, en la igualdad de todos los españoles ante la ley y creemos en lo que hacemos, que no es poco.

No es ninguna insensatez afirmar que a pesar de que una gran mayoría de ciudadanos consideran que la Administración tributaria y sus, a veces, cuadriculados funcionarios son un grano en el culo, también reconocen que su existencia es necesaria y se encuentra intrínsecamente emparentada con la idea del bien común y del Estado de bienestar.

Durante los seis años que estuve destinado en Girona recuerdo la satisfacción que sentía cuando, tras explicar una dolorosa liquidación a un contribuyente, conseguía que se marchara reconociendo que nuestro papel es imprescindible y reforzado en la idea de que actuamos objetivamente y sin distinciones. Y si además conseguía hacerle entender que no machacamos siempre a los mismos y que los grandes patrimonios y las personas famosas también son objeto de comprobaciones rigurosas, entonces, el premio era doble pues, además, me había ganado su confianza como cliente.

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